La tortura ha vuelto al Paraguay

Relato
y comentarios sobre los acontecimientos en asentamiento Comuneros el martes
21 de julio de 2009.

El
asentamiento Comuneros está ubicado en Minga Guazú, en
el Km 30, lado Monday. La tierra les pertenece legalmente. Los
habitantes de Comuneros constituyen una comunidad organizada, tienen
cultivos de subsistencia, casas de material, escuela, luz eléctrica,
resultado del tesonero trabajo de los propios campesinos asesorados
por compañeros militantes de izquierda.

Pero
las tierras colindantes no tienen dueño, mejor dicho no tienen
dueño privado, no son propiedad privada de alguna persona
individual. Los del asentamiento han inventigado la situación
de las tierras colindantes. Esas tierras pertenecen al IBR (INDERT) y
se puede decir, casi con certeza, que la pertenencia a dueños
privados ha sido malhabida.

Algunos
campesinos desposeídos han ingresado a esas tierras, han
plantado sus carpas con la intensión de reclamar al estado su
posesión y así realizar su derecho a vivir sobre tierra
propia como lo consagra nuestra Constitución Nacional.

Y
también algunas autoridades, consejales departamentales, le
han hechado ojo a esas mismas tierras. Su intensión es
venderlas y hacerse de dinero contante y sonante. Al parecer se han
fabricado unos títulos de propiedad falsos a fin de realizar
el negocio. Están ofertándolas a algún
brasileño.

Ahora
bien, el potencial comprador no parece dispuesto a hacer negocio
mientras permanezcan ahí esos inoportunos ocupantes. Y como
esa gente está urgida por su ambición monetaria se han
dado prisa por desalojarlos y para eso se consiguieron algún
fiscal, que de esos hay varios que no tienen problemas en violar la
ley si también pueden tener parte en el reparto. Y se vienen
en compañía de la Policía Nacional, la cual
depende del Ministro del Interior, que como no puede con la
inseguridad que le quita el sueño a la ciudadanía se
desquita mandando apalear campesinos.

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Ya
la semana pasada hubo un intento de desalojo de las tierras
colindantes. Estuvo la policía corriendo a los campesinos.
Hubo gente alambrando, con la protección policial.

Ayer,
cerca de mediodía, estaban los campesinos almorzando en sus
carpas cuando un grupo de policías uniformados que estaban
emboscados en el bosque cercano, sin haber sido provocados y sin dar
aviso alguno, los atacó disparando sus armas de fuego.
Aprovechando la ventaja de la sorpresa los policías capturaron
a algunos campesinos y los llevaron a golpes monte adentro. Al cabo
de un rato algunos consiguieron escapar de sus captores quedando dos
de ellos en poder de los policìas.

Los
escapados presentaban los rastros de los golpes recibidos, uno de
ellos una herida de cuchillo en un muslo. Relataron que los policìas
tenìan intensiòn de matarlos.

Los
demás huyeron y buscaron refugio en el asentamiento Comuneros.
Los policìas invadieron el mismo, ilegalmente porque no tenían
ningún mandato legal para ingresar. Lo hicieron disparando sus
armas. A uno que capturaron los policías lo esposaron y lo
arrojaron a un arroyo que atraviesa el asentamiento. Si no fuera
porque sus compañeros lo rescataron del agua podría
haberse ahogado.

En
este lapso los policías capturan a Virginia y a sus hijas y
las torturan (sobre esto hay detalles más adelante).

Los
del asentamiento reaccionaron y corrieron a socorrer a los
perseguidos. A los policías se les acabaron las balas, se
detuvieron y comenzaron a retroceder. Iban a abandonar el territorio
del asentamiento, pero los campesinos capturaron a dos de ellos, los
desarmaron y los retuvieron.

Esta
captura y retensión fue un acto de legítima defensa.
Los policías habían invadido su propiedad sin orden
judicial alguna, disparanto, golpeando y apresando gente.

El
rápido aviso que se dió al iniciarse el ataque movilizó
a muchos compañeros militantes en los partidos de izquierda y
en los movimientos sociales. Algunos se encontraban en Asunción,
de modo que la noticia se propagó rápidamente.

La
rápida llegada de los compañeros al asentamiento,
también de periodistas, impidió que el numeroso
refuerzo policial entrara en acción invadiendo el asentamiento
y que agrediera a los campesinos o apresara a quien sabe cuántos
de ellos. Llegó también el padre Nilo quien actuó
de mediador. Los campesinos liberaron a los policías que
tenían retenidos y devolvieron sus armas. La policía
terminó retirándose del lugar al cabo de un rato.

Las
negociaciones no fueron muy civilizadas que digamos. El padre Nilo
fue agredido por un policía quien la propinó un fuerte
golpe sobre una de las orejas. Un golpe profesional, con la intensión
de hacerle perder el sentido del equilibrio. Uno de los jóvenes
fue golpeado con rodillazos en el estómago estando esposado.
La brutalidad fue la tónica en todo momento.

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Lo que sigue es una
compilación de lo que Virginia relató a varias personas
y también a mí mismo. Yo había llegado al lugar
cuando la policía iniciaba su retirada.

Poco antes de mediodía
Virginia, moradora del asentamiento Comuneros, se encontraba lavando
ropa en el arroyo que atraviesa el asentamiento en compañía
de dos niñas de corta edad, hijas suyas. En ese momento
escuchó los disparos de la policía que iniciaba el
ataque.

Algunos policìas
llegaron al sitio en el que se encontraba Virginia con sus hijas y
las capturaron. Las llevaron afuera del territorio del asentamiento,
las niñas tiradas de los pelos y ella a empujones y golpes.

Cuando llegaron a una
camioneta policial, los policías sacaron de ella una tabla con
clavos y pretendieron que una de las niñás pisara sobre
los mismos. La madre las defendió y entonces la obligaron,
sujetándole la pierna, a pisar los clavos. Uno de ellos pisó
sobre su pié a fin de que los clavos la atravesaran. Luego
recibió un fuerte golpe en la boca del estómago a
consecuencia del cual inmediatamente vomitó sangre. Recibió
además fuertes golpes en la cara y otras partes del cuerpo.
Todo esto ante la mirada de sus hijas, quienes también fueron
golpeadas.

Luego que la abandonaron
semiinconsciente fue llevada por algunas vecinas al interior del
asentamiento. Virginia fue llevada a una farmacia para ser atendida
ya que se quejaba de dolores en el abdomen.

Debido a su estado se me
pidió trasportarla al hospital de Minga Guazú. Lo hice
en compañía de otras dos personas, moradoras del
asentamiento. Al subirla al automóvil pude constatar que
Virginia se hallaba inconsciente. Durante el transporte la escuchaba
quejarse, sobre todo cuando el auto se sacudía debido a las
irregularidades del camino. El colchón sobre el que la
transportaron desde la casa en que se encontraba hasta el automóvil
se encontraba manchado de sangre.

Llegamos al pabellon de
urgencia del hospital alrededor de las 16:30 donde fue atendida sin
demora por los médicos. Desde el momento en que fue subida al
automóvil y durante los primeros minutos de la atención
médica tuve ocasión de tomar varias fotografías.
En una de ellas se pueden observar claramente los orificios de
entrada de tres clavos en la planta de su pié izquierdo.
También hay fotografías del colchón
ensangrentado.

Al llegar al hospital
Virginia recuperó la conciencia. Durante la inspección
médica inicial Virginia reaccionaba con intensas expresiones
de dolor cuando el médico le palpaba el abdomen. Se ordenó
una radiografía de abdomen para descartar fracturas o
hemorragia interna. Más tarde una ecografía. A raíz
de lo revelado por ésta los médicos sospecharon de
alguna lesión interna, hablaron de daños en el útero,
por lo que decidieron internarla.

Ya en la sala de
internación, un nuevo examen médico constató
pérdida de sensibilidad en toda la mitad izquierda del cuerpo.
Debido a ello se ordenó una tomografía de cráneo
que debería realizarse a primera hora de la mañana.
Durante todo el tiempo Virginia se quejaba de fuertes dolores
abdominales. Ella se durmió, posiblemente por efecto de los
medicamentos, cerca de las nueve de la noche y se encontraba en ese
estado cuando me retiré del hospital a las once.

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Interín esperaba
en el hospital esperando el resultado del examen médico de
Virginia, me informé del paradero y situación de Andrés
Aquino Gill y Bernardo Florentín, detenidos durante el alevoso
ataque al campamento en que se encontraban.

Según relato del
abogado que pudo conversar con ellos en el lugar al que habían
sido trasladados, los mismos presentan también rastros
evidentes de tortura.

Es posible que no hayan
corrido peor suerte ya que sus compañeros informaron de su
detención a miembros de la prensa.

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La actuación
policial es absolutamente injustificada e intolerable, constituye
tortura física a Virginia y tortura sicológica a las
niñas, habiendo sido ellas también golpeadas. Se trata
de una abominable violación de los derechos humanos.

La gravedad del caso se
agudiza cuando se toma en consideración la existencia de la
tabla con clavos en la camioneta policial. Es evidente que este
artefacto había sido llevado con la premeditada intensión
de utilizarlo como instrumento de tortura contra los que fueran
detenidos.

La actuación
policial, su conducta inhumana y criminal, revela que los mismos no
se desempeñaron como brazo auxiliar de la fiscalía, lo
cual es su función, sino que intentaron infligir el mayor daño
y sufrimiento físico a los campesinos, trayendo a la memoria
el calvario de las ligas agrarias a manos de los órganos
represores de la dictadura stronista.

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